
Dar la bienvenida a la posibilidad de vivir una nueva dimensión, saludar el fulgor de la luz que en el fondo somos; esa es la promesa del milenario Zen. Y tal es su luminosa repuesta ante la cuestión primordial : ¿quién soy yo?
Con el deseo de que la promesa de ese fulgor se haga realidad en ti, querido lector, ha sido confeccionada esta página Web.
Dejar en suspenso los escenarios espaciales poniendo entre paréntesis la liturgia de las horas. Ponerme frente al abismo de la hoja en blanco y, así, vacío de palabras, escribir, sin dirección ni remitente.
Volar, desasido de alas, aunque haciendo pie en el barro,
pensar al margen de la lógica aristotélica, de las categorías kantianas, de las cifras cartesianas.
Atravesar el viento sin utilizar más puentes que las costuras del cielo, y jugar con el éter, arañando el aire.
Transitar los espacios vacíos del no-ser,
sin puntos cardinales,
levantando el vuelo boca abajo,
hasta tocar la anchura del Cosmos.
Y, después, cuando ya no hay cuando, cuando ya no hay después, sentarme a hacer Za-Zen en el lugar en que no estoy,
alejándome de mí para poder estar conmigo. Y con todos en el Todo.
Hacer sonar el gong.
Y ausentar la palabra en la algarabía del Silencio.
(Del libro AROMAS DEL ZEN)