
Dar la bienvenida a la posibilidad de vivir una nueva dimensión, saludar el fulgor de la luz que en el fondo somos; esa es la promesa del milenario Zen. Y tal es su luminosa repuesta ante la cuestión primordial : ¿quién soy yo?
Con el deseo de que la promesa de ese fulgor se haga realidad en ti, querido lector, ha sido confeccionada esta página Web.
Considero un deber incluir el
siguiente prólogo del Maestro Zen Willigis
Jäger destinado a un libro mío aún en borrador. Me
interesa colocar sus palabras como introducción a esta página Web debido a que
sus contenidos avalan la línea que, según su enseñanza, yo quiero y debo seguir
en la práctica laica del Zen, la que él, tan reiteradamente, me ha animado y me
anima a poner en práctica.
Por todo lo anterior, estas palabras
de Willigis, yo las recibo como lo que son: la hoja de ruta, que un gran líder
espiritual me impuso al reconocerme Maestro. Un personal testamento vital del que para mí no sólo es una gran referencia
como ser humano, sino el Maestro Zen más preclaro de
Occidente.
PALABRAS DE
WILLIGIS JÄGER
Hasta hace
bien poco, el Zen ha sido para occidente como una
semilla extraña, como una especie de planta exótica que a lo largo de los
últimos decenios ha enraizado en nuestro suelo y hallado en él un espacio reconocido
y respetado por las restantes clases de plantas.
En este
cambio de escenario, es inevitable que el ZEN se vaya adaptando y
ampliando a nuestras formas occidentales. El hecho es que el Zen ha marcado su impronta en occidente, pero también el
occidente en el Zen. Se trata de una interrelación
recíproca, aunque todavía en marcha, en movimiento. Sin embargo, lo esencial
del Zen - el despertar de la estrechez de los límites de
la personalidad - permanece inalterado, aunque hoy ya se halla en condiciones
de abandonar sus ropajes asiáticos para acercarse a nuestro modo de pensar.
El Zen, es un camino apto para las gentes de todas las clases
y culturas. Es cierto que ha nos ha llegado desde un entorno budista oriental,
pero ya se está revelando a occidente. Y aquí, no tendrá más remedio que
desprenderse de sus iniciales épocas monacales, para adaptarse mejor tanto a
la antropología como a los nuevos
paradigmas de nuestro siglo XXI. El hecho es que los occidentales que transitan
en el camino del Zen ya no viven bajo la protección de un monasterio,
sino insertos en su muy concreta vida cotidiana con su familia, con sus hijos,
con sus problemas laborales, de pareja y financieros. Problemas de los cuales los monjes
siempre estuvieron exentos bajo la protección de sus monasterios.
El camino
del Zen, ha
estado siempre - y seguirá estando- condicionado por las influencias culturales
de cada época, por tanto, su desplazamiento hacia nuestra cultura moderna le
habrá de exigir los importantes cambios
provenientes desde la nueva psicología y la nueva psiquiatría como desde
los actuales hallazgos de la neurología.
La
transformación del mundo comienza en la transformación de cada individuo, y el Zen nos ayudará a dejar atrás lo que ya no nos va y nos
molesta como una vieja prenda que se nos ha quedado demasiado estrecha. Pero de
lo que aquí se trata no es tanto de una
simple reforma en nuestra manera de ver la vida y el mundo, sino de una real transformación, si es que de
verdad queremos dar nueva forma a la
nueva realidad. Es nuestro deber entrar en otras dimensiones de la
experiencia que nos permitan conocernos
mejor.
Este nuevo
libro, tan personal, de Rafael Redondo, intenta introducir el Zen en la vida y los paradigmas del siglo XXI. Podrá servir
de ayuda a muchas personas tanto a la
hora de transformar su vida como a la hora de contemplarla de otra nueva forma.