El autor se asoma al mundo a través de diversas ventanas: desde Marx hasta Jesús de Nazareth, pasando por Freud y Jung; y, considerándose a sí mismo como un buscador de luz, muestra al lector su peregrinaje por los sucesivos vericuetos y callejones en busca del sentido del vivir.

 

La obra está escrita en una época de búsqueda y refleja en sus páginas la persecución de ese “callejón con salida” esperanzador, la confianza en la vida de un hombre, que, como tantos otros compañeros de la utópica generación de mayo del 68, ya en el tercer milenio, ha caído en la cuenta de que no existe revolución sin revolucionar-se ni transformación sin transformar-se. Imposible un cambio social sin que paralelamente cambie el corazón de ser humano.