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La forma más sencilla
de que nuestra sociedad nos etiquete como esquizofrénicos
consiste en afirmar, por ejemplo, que uno se siente, en lo más profundo
de su ser, completamente
fundido con todos los seres vivos, con el Espíritu infinito, con el
universo y con Suele
decirse que la diferencia entre el místico y el psicótico
es que ambos nadan sobre el mismo mar, pero que mientras el místico
flota, el psicótico se ahoga. No estoy, sin embargo, muy
seguro de que tal diferenciación sea compartida por la psiquiatría
oficial. Es más, si observamos tanto su posicionamiento general sobre
el tema como su práctica clínica habitual, no sería una osadía
aventurar que si los grandes maestros de la espiritualidad tanto
oriental como occidental se expusieran en un diagnóstico “a ciegas”
ante nuestros hospitales
psiquiátricos o “módulos psicosociales”, a buen seguro que serían
diagnosticados como psicóticos o esquizofrénicos. Así, Platón,
Plotino, Rainer María Rilke y hasta Albert Einstein o el mismo Tehilard
de Chardin, con toda
probasbilidad serían, tachados de delirantes, y patologizados por el establishment
de los psiquiatras y psicólogos.
Para el autor, la inalidad de esta obra consiste en evitar el
vivio científico que confunde los estados místicos con los psicóticos,
un vicio que en la psicología académica alcanza cotas de epidemia.
Su intención, por tanto, es que los profesionales de la salud mental
puedan un incipiente, pero sólido, medio que les sirva de utilidad
para iluminar su práctica. Pero, traspansando el ámbito
profesional, este trabajo, sobre todo, está escrito para todas
quellas personas que desean conocerse y crecer como auténticas
personas.
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